Motor

Coches: la pasión oculta de Bob Dylan

Hace unos días el mundo se sorprendía con la noticia de que el célebre artista Bob Dylan era el nuevo galardonado del Premio Nobel de Literatura en su 115º edición.

Al margen de esta noticia, para la que existen opiniones de todo tipo, queremos descubrir otra faceta no tan conocida del cantante estadounidense: su pasión por el motor y por los coches.

No mucha gente sabe que Bob Dylan ha conducido algunos de los modelos más icónicos del pasado siglo, siendo además imagen publicitaria de otros tantos.

ford-descapotable-54 Su amor por los coches empezó desde bien joven, cuando aún era un desconocido adolescente de Minesotta llamado Robert Allen Zimmerman que se compró un Ford descapotable del 54.

Unos años más tarde decidió comprarse otro Ford, esta vez el modelo Galaxie Country Sedan de 1962, con el que se recorrió Estados Unidos en el año 1963.

Poco tiempo después lo cambió por un Mustang convertible del 66, siendo el primer “capricho” que se dio el artista, que lo compró con su primer gran cheque. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para disfrutarlo, ya que se lo dejó a un chico que trabajaba para él y este lo estrelló contra un camión. Lo único que quedó del coche fueron 25 dólares que obtuvo por los restos y una canción dedicada a malogrado capricho que se tituló “Destruction and Woodstock”.

mustang-del-66

Varias fuentes afirman que el siguiente coche que adquirió el cantante tras su breve experiencia con el Mustang del 66 fue precisamente un Mustang del 65, aunque no hay evidencias que lo corroboren. Este coche podría estar instalado en la sala de proyecciones de su mansión de Malibú, dato que, de momento, parece ser simplemente una leyenda urbana.

Tras un grave accidente sufrido en moto a mediados de los años 60, Dylan decidió alejarse del mundo del motor para reaparecer, hace algunos años, como imagen publicitaria de coches.

En 2007 se convirtió en la estrella de la marca Cadillac con su modelo Escalade, que estaba posicionado como uno de los coches más icónicos entre los estadounidenses de mayor poder adquisitivo.

cadillac-escalade

La revolución mediática se produjo, sin embargo, tras su aparición en el anuncio de la conocida marca de coches Chrysler en su spot preparado para la Superbowl de 2014, tras el cual Bob Dylan fue tachado de vendido tras afirmar en el spot que “¿Qué hay más americano que América?” y enalteciendo las barras y estrellas de la bandera americana.

Sin embargo, el amor y la pasión que siente Bob Dylan por el mundo del motor va mucho más allá, siendo numerosas las canciones de su discografía que hacen referencia a ello.

Además de la ya citada Destruction and Woodstock tras la pérdida de su Mustang del 66, temas como This Wheel’s On Fire (1967), Summer Days (2001) o High Water (For Charley Patton) están llenos de metáforas relacionadas con el mundo del motor.

Dentro de su repertorio musical, llama la atención la canción Union Sundown (1986), en el que utiliza la marca Chevrolet como vía para hacer una crítica de la sociedad. (La canción versa que se trata de un coche estadounidense por excelencia pero que se fabrica en Argentina por niños explotados).

En definitiva, la vida de Bob Dylan ha estado muy ligada, tanto en su ámbito personal como en el musical desde bien temprano y hasta la actualidad, a los coches, a la velocidad y al placer que supone la conducción en una de estas maravillas con ruedas.

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