Motor

Probando el Huracán

Antes de sentarte en un Huracán…

Llevaba tres días estudiando a fondo todas y cada una de las características del Lamborghini Huracán LP 610-4 Spyder, había leído muchísimo y había visto infinidad de vídeos. Gracias a toda esta documentación tenía memorizado cada uno de sus números y todos sus datos técnicos.

A grandes rasgos, sabía que es uno de los últimos modelos de la casa Lamborghini, el sustituto del Gallardo, que en su motor-V10 encierra 610 caballos de potencia y que para sujetar tanta fuerza se decantaron por equiparlo con tracción total. Según los datos ofrecidos por la marca, el Huracán mejora a su antecesor en cuanto a rigidez torsional y aerodinámica se refiere, todo ello gracias a su chasis fabricado con aluminio y fibra de carbono que lo hace ser más ligero. También conocía todo lo relacionado con la luneta posterior y con su capota electrohidráulica que se quita y se pone en un abrir y cerrar de ojos −17 segundos para ser exactos− y que además puede hacerlo en marcha, a una velocidad de hasta 50 km por hora.

En cuanto a su conducción, estaba al tanto de que es uno de los deportivos de motor atmosférico que más rápido pasan de 0 a 100, le lleva tan solo 3,4 segundos, y había leído mil cosas acerca del famoso botón que lleva en el volante, al que Lamborghini bautizó con el nombre de ANIMA, Advanced Network Intelligence Management , que vendría a ser algo así como: sistema avanzado de conducción inteligente. Pues bien, este «botoncito» lo que hace es, básicamente, cambiar la forma en la que el coche responde a la conducción, tiene tres modos diferentes que, hablando en cristiano, van desde el comportamiento normal que tiene un coche de ciudad (Strada), pasando por el de un deportivo (Sport), y llegando a algo parecido a la conducción de un coche de competición (Corsa).

Bueno, ¿qué me decís? Sobradamente preparada para sentarme en el coche y saber cómo funciona todo, ¿verdad? Pues… ¡vamos a ello!

Por fin nos vemos las caras

Alrededor de las 9:30 de la mañana estaba entrando por la puerta de un famoso hotel de la ciudad de Barcelona, tomé el ascensor que me llevó hasta la planta -2, donde se encuentra el parking del hotel y… e voilà, tenía ante mí a la crème de la créme de los superdeportivos. Cada cual más potente, más imponente, más lujoso…, sin embargo, nuestro Lamborghini Huracán Spyder destacaba por encima de todos ellos; no sé si será el color, su forma, o las expectativas que yo me había creado sobre el sonido de su V10, pero tiene algo que hace que no puedas dejar de mirarlo y que desees conducirlo.

En ese momento, se me acercó un compañero y me dijo: −Bueno, ¿cuál te apetece?−, sin dudarlo ni un segundo y dada la preparación que llevaba a mis espaldas, dije: −quiero el Lambo naranja−.

De verdad, no sé si habéis tenido alguna vez la oportunidad de tener este coche frente a frente, pero os aseguro que es lo más llamativo que he visto nunca, aunque solo sea verlo desde fuera, sin tan siquiera montarte, hace que los pelos se te pongan de punta. Es totalmente cierto que el diseño tiene aires de avión de combate y además es sumamente atractivo. Las oberturas que lleva en el morro para la refrigeración llaman mucho la atención y hacen que gane profundidad, las protuberancias de la parte posterior del techo hacen que parezca un coche de competición, y los cuatro tubos de la parte trasera son verdadera sinfonía, no dejan indiferente a nadie.

Diez minutos más tarde estaba montándome en él para, por primera vez, poder conducirlo. Me subí y desde el primer momento empecé a disfrutar con todo lo que estaba viendo. Antes de arrancar el motor, quise darme unos segundos para observarlo bien de cerca; allí estaba todo, tal y como yo lo había aprendido, su volante de cuero, su consola central con una botonera que ofrece todas las comodidades del mundo, su capota electrohidráulica, su botón star&stop de estilo aviación y con cierre de seguridad, sus levas en el volante, su pantalla TFT de 12,3 pulgadas, que hace sentir que desde ella puedas controlar el universo por todas las funciones que tiene y… por supuesto, allí, perfectamente alineado, como un reloj marcando las seis, estaba su botón ANIMA.

Empecé a tocar botón a botón para familiarizarme con todo y que nada me pillara de sorpresa en el momento de la conducción. Me sorprendió gratamente que al poner las manos en el volante y rodear con ellas las levas, encajaban perfectamente, como si estuvieran hechas a mi medida, algo muy cómodo.

Preparé mi reproductor de música para tenerlo listo para más tarde, coloqué mi asiento, mis retrovisores y me dispuse a despertar a la bestia.

 

De la teoría a la práctica

Levanté el cierre de seguridad del star&stop y lo apreté, aquí empezaba lo bueno. −¡Qué sonido, esto sí que es música!, creo que acabo de elegir mi lista de reproducción para el día de hoy−.

Antes de salir puse en marcha el botón lift para que se levantara el morro del coche y asegurarme de que no me iba a rozar con nada al abandonar el parking. Ya fuera, en la calle, todo era expectación. Tan solo le había engranado la tercera marcha cuando me paré en el primer semáforo y aprovechando la parada lo aceleré para ver cómo sonaba. −¡Madre mía!−, parecía un toro dando cornadas a la barrera para salir al ruedo, tenía la sensación de que en cualquier momento la bestia se iba a desatar e iba a salir disparada. Increíble la sensación que produce el estar conteniendo tanta potencia entre tus manos.

Saliendo ya de la Ciudad Condal me decidí por tomar una ruta de costa que subía por la montaña y que me permitió probar la aceleración del coche en las rectas, los frenos cuando me aproximaba a la zona de curvas y la respuesta de cada uno de sus modos de conducción, además aquellos paisajes me brindaron unas vistas realmente espectaculares.

He de decir que si después de todo el día conduciéndolo tuviera que resumir en tan solo tres palabras cada una de las opiniones que he generado sobre esta joya de la ingeniería mecánica, diría: máquina perfectamente engranada. Todo en él encaja, nada se escapa al azar, cada una de sus funciones están enlazadas al milímetro con la posterior y da la sensación de que el coche siempre supiera cuál es el siguiente paso que tiene que dar antes, incluso, de que tú hayas decidido darlo.

En cuanto a confort resulta ser todo lo opuesto a lo que se espera de un deportivo, los asientos no son para nada incómodos y el espacio que tienes para moverte dentro de él es más que amplio. La única pega que le podría sacar es la visibilidad que ofrece, pues al ser un deportivo, los asientos están colocados al ras del suelo y la luna delantera está muy inclinada. Sin embargo, esto se soluciona echando el cuerpo un poco hacia delante y…solventado el problema.

En términos de conducción también resulta muy, muy cómodo. Gracias  al sistema de tracción integral, ofrece un equilibrio sobresaliente  y el coche permanece estable en casi cualquier situación. Tan solo hubo un momento, en una curva que era muy cerrada y en la que yo entré demasiado fuerte, en que sentí que empezaba a subvirar. −Pero, no. Enhorabuena, Lamborghini, eso es un control de estabilidad, me bastó con un toquecito de acelerador para que todo volviera a su sitio−. Además es muy ligero y muy obediente a la hora de ejecutar las órdenes del conductor, a velocidades no muy altas basta con una pequeña corrección en el volante para que vaya donde tú quieras.

Lo que me dejó verdaderamente impactada fue su sistema de frenada que está formado por frenos cerámicos con discos de 380 milímetros, −¡qué mordida!−. De verdad, clavado, tú quieres frenar ya, pues…ahora mismo me quedo aquí anclado y sin peligro alguno, no derrapo, no me resisto, no me muevo más.

En términos de aceleración al estar equipado con  motor atmosférico le lleva un pelín de tiempo −nada, unos segundos, algo casi imperceptible−, que toda su caballería se suelte la melena y entre en juego, pero, de verdad, provoca unas sensaciones brutales que hacen que el estómago se te encoja. Empiezas a acelerar y llega un momento en  que crees que no va a dar más, pero sí, sí que da. Si fijas la vista en el contador de revoluciones la adrenalina empieza a correr por tus venas y hay algo que te invita a apretarlo más y más…−¡increíble, qué fuera de serie!−, esta fiera aguanta el corte hasta casi las 9000rpm. En ese momento, la adrenalina sale de tu cuerpo y te quedas con una sensación de emoción y felicidad extrema.

El sonido que todo esto produce es algo que hay que vivir, hace que te metas mucho más dentro de la película, te envuelve, te atrapa y te deja siempre con ganas de más. En un tramo de la ruta tuve que entrar en un túnel y…−¡hasta luego!−, el eco hizo que prácticamente todo el túnel se detuviera y fijara su atención en mí, madre mía, fue una sensación…no sé, es ruido, es potencia, es adrenalina, es locura…¡es la puta Marcha Radetzky de los motores!

Y sí, probé el Anima en todos y cada uno de sus modos. Empecé con el Strada para ir habituándome al coche; la conducción en modo Strada me resultó bastante normal −dentro de estar conduciendo un Lamborghini, claro está−, ofrece una comodidad total para el conductor, el sonido del motor lo podría calificar de respetuoso, teniendo en cuenta lo que sentí después, la amortiguación me resultó bastante suave y el control de estabilidad del vehículo lo noté funcionando al 200%. En resumen, todos y cada uno de los sentidos del Lamborghini Huracán Spyder se encuentran muy alerta cuando lo conduces en modo Strada.

Cuando cambié a Sport las cosas se fueron poniendo algo más tensas, el sonido del motor comenzó a animarse, la amortiguación y demás se endurecieron bastante y el control de estabilidad corría algo más de mi cuenta. En definitiva, la conducción es muy parecida a una conducción normal por ciudad, pero algo más picante y atrevida.

Lo mejor vino cuando bajé la pestañita del Anima hasta abajo y accioné el modo Corsa. En ningún momento tuve la sensación de que fuera a perder en control, pero esta vez era yo la que tenía todos los sentidos muy alerta. Lo notaba todo mucho más rígido, la suspensión extra dura, el tiempo de aceleración súper corto y el sonido del motor como un toro embravecido. Todos los modos de seguridad estaban desactivados y era yo sola ante el peligro. Recuerdo tener todo el tiempo los nudillos de color blanco de la fuerza que tenía que hacer para retener a la bestia entre mis manos, la sensación…extrema, emocionante y muy, muy recomendable.

Resumiendo el Huracán…

Podría concluir que en Lamborghini Huracán Spyder LP 610-4 es el ejemplo perfecto de lo que es un superdeportivo. Es más, creo que en el Top10 de los superdeportivos, no quedaría en mal lugar.

Con este modelo Lamborghini ha superado unos cuantos retos. Ferruccio Lamborghini hizo la promesa de que algún día construiría un deportivo que se condujera mejor que un Ferrari y durante toda su historia había sido un “quiero y no acabo de llegar”, sin embargo, según la opinión de muchos expertos, después de 52 años, con el Huracán Spyder lo ha conseguido. Por otro lado, el Huracán tenía una tarea muy difícil que cumplir, pues tenía que conservar al 100% la esencia de la casa Lamborghini y a su vez, superar a su hermano más directo, el Lamborghini Gallardo, y por lo que dicen…¡reto más que superado!

Todo encaja en este superdeportivo, es totalmente un supercoche e incluye el pack completo de todo lo que se podía esperar de él. Incluso he leído en varios sitios que es un coche moderno que fija nuevo estándares de conducción…yo no puedo entrar a valorar esto, pero sí puedo decir que no me importaría en absoluto que todos los coches deportivos que se lanzaran al mercado a partir de este se condujeran así.

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